Si de escultara se trata

Si de escultara se trata

Roberto Manzano Hernández (Madrid 1972), es actualmente uno de los más grandes escultores de España. Desde 1996 reside en Urrácal (Almería), desde donde ha llevado a cabo varios e importantes proyectos, y ha obtenido distintos premios. Sus obras, casi todas hechas en mármol blanco de Macael (aunque también trabaja con asiduidad el modelado de barro y la escultura en bronce), recuerdan la estética de la época final del Renacimiento, el Manierismo y el concepto escultórico de figuras tan importantes en la Historia del Arte como Miguel Ángel o Bernini.

Manzano es un verdadero maestro a la hora de dotar de movimiento sus obras. Sus figuras pueden expresar sentimientos de todo tipo, desde la felicidad más absoluta a la más triste melancolía. De ahí que el espectador quede atrapado por su exquisita sensibilidad al reconocer las formas más complejas de los estados de la condición humana: la bondad, el dolor, la lujuria, la belleza…

En su obra dominan los contrastes: lo temperamental y lo delicado; la suavidad de las formas y la rugosidad y el claroscuro; la sencillez y lo recargado. Estamos ante un escultor que disfruta con los grandes tamaños, los retos complicados y los proyectos fastuosos. Manzano está ya entrando en una madurez exigente y explosivamente creativa.

Su trabajo ha sido reconocido con varios premios nacionales e internacionales y ha realizado obras en espacios públicos en paises como Itália, Emiratos Árabes, Egipto, Francia, Turquía y Hungría.

Tal vez como escultor no ofrezca nada radical o estilísticamente extraordinario, aunque en los tiempos que corren sí sea extraordinaria la calidad y precisión técnica de sus hermosas esculturas, de las que a veces parece querer reclamar la atención sobre aspectos técnicos más que emocionales, a juzgar por títulos como “Equilibrio”, por ejemplo, una impactante obra.

Observar en detalle la ligereza traslúcida de los paños y tejidos que surgen del delicado trabajo de la piedra nos habla acerca de su exigencia desde el punto de vista del oficio, algo frecuente entre los escultores de vocación, siempre dotados para el detalle, la meticulosidad y el disfrute en el sugestivo engaño de las formas, implícito en el juego de apariencias compartido por artista y espectador.

“Equilibrio” (2010) Por Roberto Manzano Hernández
Mármol de carrara.

En Manzano reconocemos un observador crónico de la materia y de su apariencia superficial y táctil.

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