SALVEMOS NUESTRO RIO

SALVEMOS NUESTRO RIO

Los habitantes de la Isla de Pascua vieron que su modo de vida se evaporó porque administraron mal sus recursos naturales, dando así una pequeña y bien entendida lección de una historia que frecuentemente se ha desarrollado a una mayor escala. El colapso de las civilizaciones maya, jemer, anasazi y romana se ha vinculado a la demanda urbana de agua (y comida). En cada caso, esta demanda llevó a una destrucción ambiental a larga escala con consecuencias irreversibles. Las soluciones miopes a corto plazo destruyeron a las comunidades rurales que apoyaron a esas civilizaciones, llevando al colapso de ciudades, culturas y civilizaciones.

Es hora de que dejemos de pensar que el agua que atraviesa el río Colorado es solo un recurso para la energía, la agricultura y los municipios. El río y su agua son el elemento vital de estados, ciudades y pueblos en todo el suroeste. Si el agua no llega a esas comunidades, particularmente a las comunidades rurales que atienden los deportes que se practican en el río y las actividades recreativas, las consecuencias económicas y culturales paralizarían el desarrollo de toda la región.

Millones de personas disfrutan de los campamentos, los paseos en balsa, la pesca y el excursionismo en el río Colorado y sus alrededores. Un informe de 2011 de los Parques Nacionales del Río Colorado calcula que los cinco parques atrajeron a más de 8 millones de visitantes. Esas visitas generaron más de 300 millones de dólares en salarios. Si el agua deja de fluir, los negocios y las comunidades que proporcionan servicios a los entusiastas del aire libre perderían rentas, trabajos e ingresos.

¿Por qué debería importarle? Si no reconocemos los beneficios económicos y culturales que cosechamos de la belleza de las maravillas naturales creadas y mantenidas por el río Colorado, los perderemos.

No permitamos que se seque el río. Recordemos a nuestros líderes en Washington que es importante para nosotros mantener el agua en Colorado. Visite NuestroRio.com y sea parte de nuestra campaña de cartas. Por Celinés Toribio

 

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