Malala Yousafzai

Malala Yousafzai

En 2014, con solo 17 años, Malala Yousafzai de Pakistán se convirtió en la ganadora del Premio Nobel de la Paz más joven, y la ganadora del Premio Nobel más joven. Eso es bastante impresionante en sí mismo, pero el trasfondo de la victoria de Malala hace que su hazaña sea aún más notable.

Niñez

Nacida el 12 de julio de 1997, Malala creció en el valle Swat de Khyber Pakhtunkhwa en el noroeste de Pakistán. El valor de la educación se inculcó en ella desde una edad temprana: su padre, Ziauddin Yousafzai, es un diplomático paquistaní y activista social comprometido que ha establecido una serie de escuelas privadas y ha hecho campaña por los derechos a la educación.  

Mientras exploraban formas de examinar el auge del fundamentalismo religioso en la región y sus efectos en la vida cotidiana, los miembros del sitio web de BBC Urdu tuvieron la idea de pedirle a una colegiala local que escribiera un blog sobre sus experiencias. “Estuvimos cubriendo la violencia y la política en Swat en detalle”, recordó Mirza Waheed, ex editora de la BBC en urdu, “pero no sabíamos mucho sobre cómo la gente común vivía bajo los talibanes”. Por sugerencia de su padre, Malala se ocupó de esta tarea, aunque blogueó bajo un seudónimo, ‘Gul Makai’ (Aciano).

Su primer blog fue publicado por BBC Urdu el 3 de enero de 2009 y cubrió las actividades militares en el valle de Swat, incuyendo la destrucción de más de cien escuelas para niñas y el cierre de la suya.

La entrada final al blog de Malala se produjo dos meses después, el 12 de marzo. En ese momento, su perfil público había aumentado considerablemente. A finales de año, también había sido entrevistada por varios periódicos nacionales, desde el Urdu Daily Aaj hasta el Canadian Toronto Star, y su verdadera identidad había sido revelada.  

En octubre de 2011, nada menos que el arzobispo de Sudáfrica, Desmond Tutu, propuso que Malala fuera nominada para el Premio Internacional de la Paz de los Niños. Y en diciembre de ese año, recibió el Premio Nacional de Paz de Pakistán.

El precio de hablar

El activismo de Malala hizo poco para ganar el cariño de los fundamentalistas incondicionales. Las amenazas de muerte en su contra aparecieron en los periódicos, en Facebook e incluso debajo de su puerta. Pero ella se negó a darse por vencida, una decisión que casi le costó la vida a Malala.

Ella regresaba a casa después de un examen el 9 de octubre de 2012 cuando un pistolero enmascarado saltó a bordo de su autobús. Después de exigir que la identificaran, él disparó contra ella; La bala pasó por la cabeza de Malala, por el costado de su ojo izquierdo y el cuello, y se incrustó en su hombro, cerca de la médula espinal. Milagrosamente, esta no afecto su ojo izquierdo y su cerebro. Otras dos colegialas también resultaron heridas.

Fue transportada por aire a un hospital militar en Peshawar y se sometió a una operación de cinco horas para extraer la bala, antes de ser trasladada a un hospital especializado en Rawalpindi. Los hospitales de todo el mundo ofrecieron sus servicios a esta valiente niña y el 15 de octubre – a expensas del gobierno de Pakistán – la trasladaron al Hospital Queen Elizabeth en Birmingham, Reino Unido.  

El 16 de octubre, finalmente salió de su coma médicamente inducido. Su primer pensamiento fue: “Gracias a Dios que no estoy muerta”, pero ahora se enfrentaba a importantes reajustes. Estaba en un país desconocido, rodeada de un idioma extranjero, con un tubo en el cuello, visión borrosa en el ojo izquierdo y (inicialmente) parálisis en el lado izquierdo de la cara.  

Mientras estaba en cuidados intensivos, el mundo exterior estaba ocupándose de la causa de Malala. Los líderes mundiales del presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, al presidente de los EE. UU., Barack Obama, elogiaron su valentía y denunciaron a su agresor. La actriz Angelina Jolie donó $200,000 al Fondo Malala para promover la educación de las niñas.  

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