Esclavitud en EE.UU.: los incómodos comentarios de turistas en las visitas a las plantaciones esclavistas

Esclavitud en EE.UU.: los incómodos comentarios de turistas en las visitas a las plantaciones esclavistas

Hace 400 años, en 1619, desembarcaron en Estados Unidos los primeros africanos víctimas de la esclavitud.

Desde que el Congreso de EE.UU. aboliera la esclavitud hace 154 años, solo cinco generaciones de afroestadounidenses han nacido libres.

El 40% de los esclavos llevados a EE.UU. se quedaron en Charleston, Carolina del Sur. Ahora, las fastuosas casas donde fueron vendidos y forzados a trabajar hasta la muerte sirven de atracción turística.

Charleston refleja una realidad completamente estadounidense: no hay nada que no esté marcado por el legado de la esclavitud aunque hayan pasado cuatro siglos.

Lo que no termina de estar claro es en qué forma esta nación debe hablar sobre un asunto tan difícil.

Reseñas negativas

Que “la esclavitud no fue tan mala es quizás lo que más escucho” de los turistas, cuenta la guía Olivia Williams, que organiza visitas turísticas en las plantaciones de Carolina del Sur.

“En mi cara, algunas personas me han dicho que [los esclavos] al menos tenían un lugar para dormir, comida y vegetales“, agrega Williams.

Recientemente, Williams obtuvo una serie de reseñas negativas por la manera como enfoca las visitas turísticas a la plantación McLeod.

Durante décadas, los turistas venían a Charleston y las plantaciones atraídos por el idílico encanto del sur, de belleza y exuberancia, una suerte de regreso a la era de “Lo que el viento se llevó”.

Pero la industria está cambiando lentamente y ahora algunos creen que los turistas deben enfrentar la realidad de la esclavitud en lugar de continuar con la narrativa de color rosa instaurada desde hace tanto tiempo. Incluso si eso hace la visita menos agradable.

A la entrada de la plantación Mcleod, ya se avisa que el recorrido turístico será diferente.

Al entrar, uno se encuentra con lo esperado: un césped extenso y puro rodeado de árboles con musgos y, al fondo, una elegante casa blanca que es ejemplo del esplendor sureño de entonces.

Sin embargo, esta no es la imagen con la que los guías turísticos quieren que se queden los visitantes.

“Lo que hablaremos hoy resultará duro y quizás se sientan incómodos, enojados o decepcionados, y está bien. Si quieren marcharse, no me ofenderé”, advierte William al comienzo de la visita.

Muchos de los turistas admiten desconocer que los dueños de las plantaciones forzaban matrimonios entre esclavos “fuertes” para añadirlos a sus “reservas”, que las mujeres embarazadas eran azotadas y que la vida de esclavo podía comenzar tan pronto como a los 4 años de edad.

“Esto es desgarrador, solo la idea de ignorar una parte tan horrorosa de la historia me enferma“, dice Michaela, una joven turista de Nueva York.

“Lloré, y estoy feliz de estar triste porque necesitaba que pasara de esta forma… somos responsables de saber lo que sucedió“.

Pero no todos asumen las nuevas enseñanzas de esta forma.

“No sé bien lo que McLeod trata de vender. Sé que los esclavos trabajaron, pero los dueños también, y tomó mucho esfuerzo gestionar estas plantaciones aunque fuese hecho con trabajo esclavo“, opina una turista de Carolina del Norte.

Ella piensa que fue terrible esclavizar personas, pero que también “era imposible gestionar todo esto sin trabajo esclavizado”.

Al final de la visita, Williams tiene que responder a la pregunta de una mujer blanca sobre si existe alguna conexión entre la forma en que los dueños de las plantaciones obligaban a sus esclavas a tener hijos y “cómo las mujeres negras de hoy terminan teniendo múltiples padres para sus hijos”.

Son el tipo de preguntas que Williams responde a menudo. Le han llamado racista, le han gritado, la han tachado de mentirosa, incapaz de hacer su trabajo. Una vez un turista pidió que fuese despedida.

En ese tipo de días, Williams abandona el trabajo entre lágrimas, planteándose si debe volver o no.

Pero la mayor parte de las reacciones a esta forma de turismo ha sido positiva, y aunque los comentarios incómodos generan mucha atención en los medios, son solo una parte pequeña de los centenares que agradecen al personal de McLeod que les hayan contado una verdad tan difícil de digerir.

Doble interpretación

Esto se debe en parte a que en cada escuela estadounidense se enseñan versiones ligeramente distintas de la historia.

Los estudiantes que crecen en el sur quizá no escuchen nunca las historias de esclavos, incluso aunque su propia ciudad fuera levantada con trabajo esclavo, dice Shannon Eaves, historiadora de la Universidad de Charleston.

Es un “problema fundamental” que arroja luz sobre el legado del racismo en EE.UU.

Eaves explica que los ecos de la esclavitud estuvieron presentes en las leyes que legalizaron la segregación, codificaron a los estadounidenses negros como inferiores a los blancos y les suprimieron el derecho al voto.

Estas leyes estuvieron vigentes desde el final de la Guerra Civil hasta el movimiento de Derechos Civiles en la década de 1950.

“Quizá esto ayuda a explicar por qué estamos en 2019 y todavía hay estudiantes que me cuentan que no han escuchado esta historia nunca antes”, dice Eaves, a lo que responde que “no es un accidente”.

Siglos de esclavitud seguidos de décadas de represión institucional, de acuerdo a Eaves, reforzaron viejas narrativas de que los estadounidenses negros eran “ciudadanos de segunda”.

La ignorancia de la historia está detrás de la nostalgia por el antiguo esplendor del sur y, para algunos, del rechazo a todo lo que cuestione esto.

“La gente no iría a los campos de concentración de judíos esperando una narrativa feliz, y eso es porque ya conocen que fue un lugar de muerte, explotación y trabajo forzoso. Una plantación de esclavos es también eso, además de la casa de alguien”, resume Eaves.

“No sabía que los esclavos tenían hijos”

Middleton Place se describe como la casa de los “jardines paisajísticos más antiguos” de EE.UU.

También es una de las plantaciones más antiguas de la ciudad y ofrece una visita enfocada en la esclavitud, pero de forma distinta.

En la entrada, un cartel anuncia que las instalaciones son “evidencia del trabajo de generaciones de africanos ya afroestadounidenses”. La palabra “esclavizado” aparece una vez, no se menciona lo que estas personas soportaron y en su lugar se dice que “mantuvieron los jardines, trabajaron en la casa y criaron el ganado”.

Jeff Neale, director de preservación e interpretación del centro, dice que “si solo se habla de la brutalidad y se deja fuera la perseverancia y fortaleza de toda esa gente, la esclavitud se convierte en un recipiente vacío”.

Neale añade que mucho ha cambiado en los últimos 25 años en Middleton y que están trabajando en cómo hacer la experiencia de los esclavos mucho más obvia para los turistas.

Una vez, una visitante le dijo después del tour que había “aprendido que los esclavos tenían hijos, que nunca había pensado en ellos como padres o madres”.

Cerca del final del recorrido, la esclavitud se convierte en el punto principal en la casa de Eliza, el hogar de una pareja liberada construida en 1870. Lo más llamativo es una tabla grande que ocupa toda la pared central que detalla los nombres, edades y precios de los 2.800 esclavos en Middleton.

También hay información detallada sobre el tráfico de esclavos en EE.UU. y datos de las personas que vivieron en esa casa, aunque la exhibición no se ha actualizado en 17 años.

Plantaciones como Middleton, todavía con granjeros y jardineros, son un lugar único en la historia donde es notablemente fácil caer en el romanticismo en formas en que nunca se haría en otros sitios.

Las bodas, por ejemplo, son muy comunes tanto aquí como en McLeod.

“Fue un lugar de trabajo y sufrimiento, pero también de familia“, dice Neale, que piensa que si “se respeta la historia, estos lugares pueden usarse para que otros creen sus propias memorias”.

No todos comparten la opinión de Neale.

La semana pasada se originó un debate en un foro de internet en el que se preguntaba si era razonable no asistir a la boda de un amigo si esta se celebraba en una plantación.

La cuestión produjo alrededor de 1.000 comentarios de ambos lados del debate.

“Nosotros nunca iríamos al memorial del 9 de septiembre en Nueva York a organizar una fiesta o una boda“, opina Kameelah Martin, directora de estudios afroestadounidenses en la Universidad de Charleston.

Hacer eso es “una bofetada en el rostro de las personas de color en este país. No hay parte de la historia de EE.UU. que no esté vinculada a la esclavitud”, resalta Martin.

“Claro que hay lugar para la nostalgia”, pero la riqueza de los esclavistas blancos “no existió porque fueran trabajadores, sino por la esclavitud de otros seres humanos. Tenemos que hablar de todo eso a la vez”, añade Martin.

Restos del pasado

La población total de Carolina del Sur en 1860 rondaba los 70.000 habitantes. Y el 57% eran esclavos propiedad de cerca de 26.000 estadounidenses blancos.

Desde 1787 a 1808, se compraron 100.000 africanos en Carolina del Sur, según el Instituto de Historia Americana Gilder Lehrman.

Pero solo fue el año pasado que el alcalde de Charleston se disculpó públicamente por la institución de la esclavitud. Así que no es sorprendente que todavía se evite una historia completa en favor de una versión más bonita de lo que sucedía en ese estado.

Charleston es una ciudad conectada estrechamente a las plantaciones que le otorgaron prominencia internacional. Hay estatuas conmemorativas de líderes confederados, pero no existe un memorial de esclavos.

Derechos de autor de la imagen Getty Images Image caption En 1860, el 57% de la población total de Carolina del Sur eran esclavos.

“Creo que es una buena pregunta si Charleston alguna vez ha dejado de sacar beneficios de la historia de la esclavitud. De la agricultura saltaron al turismo“, dice Martin.

Las juntas de dos de las fundaciones históricas más importantes de Charleston están exclusivamente integradas por blancos.

Y el director de un museo incluso afirma que en los años 80 se prohibía mencionar la palabra esclavitud con los turistas, pero que ahora se intenta promover las historias de los esclavos que habitaron estos lugares.

Para Martin, Charleston tiene una “responsabilidad única en liderar la forma en que se reconcilia y se cura el racismo por las dos partes de la historia que alberga”.

En 2015, todo Charleston se enfrentó a su pasado racista cuando el supremacista blanco Dylann Roof abrió fuego contra un grupo de fieles negros en la Iglesia de la Madre Emanuel y mató a nueve de ellos.

Dos meses antes de la matanza, Roof había visitado la plantación McLeod.

Durante el momento más álgido de la esclavitud, el Centro Humanitario Nacional calcula que existían alrededor de 46.000 plantaciones en los estados sureños. Ahora, los cientos de visitantes que acuden a estos lugares tienen una elección.

Y es que cada plantación tiene su propia historia que contar. No todos creen que haga falta acentuar tanto la esclavitud, pero la imagen sobre el bello y esplendoroso sur está cambiando a medida que los historiadores y grupos conservacionistas han comenzado a corregir discursos de otras décadas.

A la pregunta de por qué se debe hablar de la esclavitud 400 años después, Martin opina que “aunque no se haya tenido conexión directa, en 2019 se sigue lidiando con las implicaciones y el impacto de las diferencias raciales como resultado de esa forma de pensar y estilo de vida”.

Se debe hablar de ello y debe importar “porque somos humanos“.

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