Estados Unidos: ¿qué calificación se merece Obama por su presidencia?

Estados Unidos: ¿qué calificación se merece Obama por su presidencia?

obamaYa casi se acaban los ocho años del demócrata Barack Obama como presidente de Estados Unidos.
Antes de que se reubique en la elegante zona de Kalorama en Washington D.C., he aquí una muestra de lo que intentó hacer y cuán bien o mal lo hizo.
A pesar de que se le ha calificado cada una de las secciones, esta evaluación no busca reflejar la sabiduría de sus acciones. Sino simplemente ver si con ellas pudo avanzar o no en su agenda para su presidencia.
Probablemente un liberal le pondría una alta calificación a sus políticas ambientales, mientras que un conservador lo reprobaría en esa materia. Pero lo que no se puede disputar es que consiguió ejecutar una cantidad considerable durante sus ocho años.
También existe una serie de logros intangibles e indirectos de Obama, que no recibirán calificación.
Si bien la Casa Blanca tiñó su avatar con los colores del arcoíris cuando el matrimonio homosexual fue aprobado, tal decisión fue tomada por la Corte Suprema estadounidense y no fue el resultado de una acción presidencial.
Igualmente, Obama habló con frecuencia y elocuencia sobre temas de raza en EE.UU., particularmente tras el tiroteo en la iglesia metodista episcopal africana en Charleston, Carolina del Sur, el 17 de junio de 2015. Sin embargo, pocos elementos de sus políticas acompañaron su discurso.
Aún así, Obama tiene un amplio historial que juzgar.
A continuación evaluamos sus logros en ocho ámbitos y analizamos cuán fácil será para el presidente electo, el republicano Donald Trump, deshacerlos.
La realización de una reforma integral de salud había sido el sueño dorado del Partido Demócrata durante décadas, pero siempre había parecido algo fuera de su alcance.
Con ese objetivo fue promulgada la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, conocida como Obamacare, el 23 de marzo de 2013, durante la administración de Obama.
La ley afecta a ciertos aspectos de la industria privada de los seguros de salud y los programas de salud públicos.
Prohíbe a las compañías de seguros tener en cuenta condiciones preexistentes o el género, exigiéndoles otorgar cobertura a todos los solicitantes y a ofrecer las mismas tarifas sin importar su estado de salud o sexo.
Además, esta ley busca ampliar la cobertura para incluir a 30 millones de estadounidenses no asegurados, gracias a sus subvenciones y la expansión de Medicaid, el programa de seguros de salud del gobierno de EE.UU.
Sin embargo, la página web del sistema de salud general fue prácticamente inútil por meses después de haber sido lanzada. Este fue un error muy visible y políticamente devastador.
Además, para la sorpresa de los demócratas, muchos de los estados regidos por el partido republicano optaron por no expandir la cobertura del seguro de salud Medicaid, que funciona principalmente para los más necesitados.
Y en varios de los estados las primas de los seguros privados aumentarán notablemente, lo que será un golpe financiero para los estadounidenses menos prósperos que no están cubiertos por los subsidios gubernamentales.
Sin embargo, una gran parte de la ley ha operado como fue previsto.
El porcentaje de estadounidenses sin seguro se redujo del 15,7% en 2011 al 9,1% en 2015.
Más de 8.8 millones de estadounidenses quedaron cubiertos en el último periodo de inscripción, lo que constituye una cifra récord.
Así que, a pesar de sus deficiencias, el de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible fue, en palabras impropias del Vicepresidente Joe Biden, un buen acuerdo.
Calificación para Obama: Notable.
Posibilidad de echar el logro abajo: Los republicanos han intentado de derogar la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible desde el momento en que Obama la firmó. Y el presidente electo Donald Trump la tacha de fracaso con regularidad.
Ahora, los republicanos se están poniendo manos a la obra para “arrancar de raíz” la reforma, en palabras del líder mayoritario del Senado Mitch McConnell.
Los republicanos tendrán posibilidades de revocar el programa incluso con su escasa mayoría en el Senado gracias a la autoridad presidencial y a maniobras legislativas.
Más difícil les será promulgar un plan que lo reemplace.
Aunque hoy parecen estar decididos a derogar el la ley sin conocimiento de qué vendrá luego, a pesar de que Trump les ha advertido a sus colegas del Congreso que sean cuidadosos con el método que utilizarán para realizar la tarea.
Medio ambiente
La administración de Obama ayudó a negociar el histórico acuerdo para combatir el cambio climático que 195 países firmaron durante el COP21 en París en diciembre de 2015.
El acuerdo estableció una serie de nuevas regulaciones que controlan la contaminación de las centrales eléctricas de carbón y limitan la minería del carbón y la perforación de petróleo y gas, tanto en tierras federales como en aguas costeras.
El presidente de EE.UU. también usó su autoridad ejecutiva para designar 548 millones de acres de territorio como hábitat protegida, más que cualquier presidente anterior.
Sin embargo, también hubo oportunidades perdidas.
A inicios de su administración, cuando los demócratas tenían la mayoría de los puestos en el Congreso, éste aprobó un estricto programa para controlar las emisiones de carbono. Sin embargo, el Senado se centró en la reforma financiera y de salud primero.
Así, la mayoría demócrata desapareció antes de poder impulsar la medida.
Esa fue la ocasión en al que los demócratas estuvieron más cerca de aprobar una legislación ambiental de cualquier tipo.
Calificación para Obama: Sobresaliente.
Posibilidad de echar el logro abajo:
Sigue siendo incierto si EE.UU. cumplirá el compromiso alcanzado en París para combatir el cambio climático, ya que el presidente electo es un escéptico ante el tema.
Más teniendo en cuenta que el elegido por Trump para dirigir la Agencia Estadounidense de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) es Scott Pruitt, escéptico también y defensor del petróleo.
Otros logros de la era de Obama serán aún más difíciles de revertir.
Y es que, aprobar los cambios que los republicanos proponen a las regulaciones aprobadas durante la administración Obama en materia ambiental supondría un proceso largo y no estaría exento de demandas de grupos ambientales.
El Congreso, donde el Partido Republicano tiene mayoría, podría acelerar el proceso pero los demócratas cuentan con suficientes votos en el Senado para bloquear cualquier intento.
Comercio
El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP) también han sido dos pilares de la administración Obama.
El TPP, firmado en febrero por 12 países que, juntos, representan el 40% de la economía mundial, pero que todavía no ha sido ratificado y está destinado a acabar en la papelera.
Y el TTIP, una propuesta de tratado de libre comercio (TLC) entre la Unión Europea y Estados Unidos, está todavía en negociación y está siendo abandonada por políticos de ambos lados del Atlántico.
Aun así, el gobierno de Obama implementó exitosamente acuerdos de libre comercio con Panamá, Colombia y Corea del Sur.
Pero se ven empequeñecidos por el tamaño y el alcance de los acuerdos regionales ahora condenados.
Calificación para Obama: Reprobado.
Posibilidad de echar el logro abajo:
Trump puede y va a destruir cualquier esperanza que Obama pueda haber tenido de dejar un legado duradero en materia comercial con el TPP y la TTIP.
Más aún, el presidente electo está decidido a revertir el legado comercial de los presidentes anteriores, ya que se comprometió a renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan o Nafta, por sus siglas en inglés), que fue alcanzado bajo la presidencia de Bill Clinton, y posiblemente a retirarse del acuerdo completamente.
Y también ha sugerido sacar a EE.UU. de la Organización Mundial de Comercio.
Además, el magnate elegido presidente también está a favor de subir los aranceles a las importaciones, lo que alteraría la base del comercio actual.
Economía
Derechos de autor de la imagen AFP Image caption El gobierno de Obama supervisó una estructura de apoyo que salvó a General Motors de una quiebra que habría devastado la industria automotriz estadounidense.
Cuando Obama asumió el poder en enero de 2009, la economía estadounidense estaba en caída libre.
El desempleo había aumentado a dígitos dobles, el precio de las viviendas se había disparado y la industria financiera se tambaleaba al borde del colapso.
Ocho años la imagen es de estabilidad y de un modesto crecimiento, aunque los críticos argumentan que las cifras podrían ser mejores (y los electores de Trump en los estados industriales parecen estar de acuerdo).
Desde el punto de vista de las políticas económicas, a incios de su primer mandato Obama impulsó un importante paquete de estímulo y una reforma legal y financiera.
Y su administración supervisó una estructura de apoyo que salvó a General Motors de una quiebra que habría devastado la industria automotriz estadounidense.
El Programa de Viviendas Asequibles, administrado por la Agencia Federal de Financiamiento de la Vivienda, salvó a millones de propietarios de perder su vivienda por no pagar la hipoteca y permitió refinanciar hipotecas de alto interés.
El presidente negoció un acuerdo que anuló muchos de los recortes de impuestos de la era del republicano George W. Bush a cambio de congelar el gasto general.
Y con frecuencia pidió un aumento en el salario mínimo federal, aunque no logró ningún apoyo para tales acciones en el Congreso controlado por los republicanos.
Aunque el mercado de valores está alcanzando nuevos máximos, el ingreso de los hogares en el 2015 sigue siendo inferior al de 2007.
Sin embargo, teniendo en cuenta cuál era la situación al inicio de su presidencia, la salud actual de la economía es quizás el legado más destacado del presidente.
Calificación para Obama: Sobresaliente.
Posibilidad de echar el logro abajo:
Que los republicanos bajan los impuestos cuando tienen el poder es tan ciertos como decir que el sol que se sale por el este.
La reforma fiscal propuesta por Obama parece, pues, improbable y posiblemente habrá un retorno a las tasas de la era Bush y cambios aún más sustantivos en esa materia.
A pesar de que los conservadores criticaron los esfuerzos de Obama para impulsar a las compañías estadounidenses como “escoger a ganadores y perdedores”, las evidencias iniciales indican que es una tradición que Trump probablemente continuará, aunque con ventajas más estrechas para las empresas que no cumplan con sus deseos.
Relaciones exteriores
Obama dejará la Casa Blanca con dos galardones prominentes en su historial de política exterior: el acuerdo alcanzado en julio de 2015 para limitar el programa nuclear de Irán y la normalización de las relaciones con Cuba.
A pesar de que el mérito que le corresponde por los logros son cuestionables, representan el deshielo de las relaciones entre EE.UU. y dos antiguos antagonistas.
También supervisó la retirada de tropas estadounidenses en Irak y Afganistán, cumpliendo con una promesa clave de su campaña.
En otras latitudes, sin embargo, la política internacional del presidente se ha caracterizado por relaciones tensas.
A sus planes para mejorar la relación con Moscú con las que inició el segundo mandato le siguió en 2014 la anexión de Crimea a Rusia.
Además, ahora los servicios de inteligencia de EE.UU. aseguran que hackers rusos, con el conocimiento de Moscú, se dedicaron a desprestigiar a la demócrata Hillary Clinton, rival de Trump en las elecciones presidenciales de 2016.
Por otra parte, la Primavera Árabe que se inició en 2010 generó revueltas en todo el Medio Oriente, culminando con una la guerra civil en Siria que facilitó el surgimiento del autodenominado Estado Islámico y una devastadora crisis de refugiados que ha alterado la política europea.
Y Corea del Norte continúa desarrollando su programa nuclear, y los planes de Obama para un “giro asiático” en la política exterior de Estados Unidos han hecho poco para mantener las ambiciones regionales chinas bajo control.
Calificación para Obama: Regular.
Posibilidad de echar el logro abajo:
Trump ha criticado el acuerdo alcanzado por EE.UU. y otras cinco potencias mundiales con Irán, aunque a diferencia de otros republicanos, no ha prometido abandonarlo por completo. Aunque puede que renegociar el acuerdo multipartidista sea más difícil de lo que él piensa.
En cuanto a Cuba, el presidente electo tiene la autoridad ejecutiva para revertir todas las propuestas diplomáticas de Obama para con la isla, incluyendo la relajación de las sanciones y las restricciones de viaje. Aunque mantiene sus opciones abiertas hasta ahora.
También parece que tenderá a estrechar aún más las relaciones con Israel y a mejorar las relaciones con Rusia.
Y en cuanto a Siria, Trump ha criticado las acciones de Obama, pero no ha defendido una política contraria coherente, por lo que no se sabe cómo cambiará de rumbo ni ni siquiera si lo hará.
Una cosa es segura. Al menos retóricamente, la administración de Trump se desviará de la política internacionalista de Obama, que se basó en la cooperación y la coordinación entre aliados.
Crimen
En los ocho años de administración Obama los índices de delincuencia han seguido bajando, aunque en varias grandes ciudades haya crecido la tase de homicidios.
Si bien la seguridad pública era un tema de campaña de 2016, durante su presidencia el demócrata dirigió gran parte de sus esfuerzos a reformar la justicia penal.
En agosto de 2010, el presidente firmó la ley llamada Acta de Sentencias, con el que se equiparó las penas por posesión de crack (un derivado barato de la cocaína) y de la cocaína en polvo.
Hasta entonces los castigos para los condenados por lo primero, la mayoría ciudadanos afroestadounidenses, eran muy severos.
En el 2010, firmó una ley que establece que el tiempo mínimo de prisión obligatoria por posesión de cocaína, que suele implicar desproporcionadamente a delincuentes de raza negra, es más acorde con las penas de cocaína en polvo.
En enero de 2016, Obama tomó una serie de medidas ejecutivas para limitar el uso del aislamiento en las cárceles federales y proporcionar un mejor trato a los reclusos con enfermedades mentales.
También ha utilizado su poder presidencial para conmutar las penas por drogas a más de 1.000 infractores no violentos y apoyó una política del Departamento de Justicia que dio lugar a la liberación anticipada de unos 6.000 reclusos.
Aunque Obama ha respaldado la reforma bipartidista de la reforma de sentencias en el Congreso, parece que el resultado de las elecciones presidenciales de 2016 y la dura retórica de Trump sobre el crimen frustrarán esos esfuerzos.
El control de armas no era una prioridad para Obama cuando asumió el cargo, pero en los primeros meses de su segundo mandato -tras la masacre de la escuela primaria de Sandy Hook en Connecticut el 14 de diciembre de 2012- llamó a imponer mayores restricciones a la posesión de algunos tipos de rifles semiautomáticos de estilo militar.
Sin embargo, por el poder de presión de la Asociación Nacional del Rifle, y con excepción de algunas acciones ejecutivas, no se promulgaron políticas nuevas al respecto.
En 2015 Obama dijo a la BBC que su fracaso en el tema fue su mayor frustración como presidente.
Calificación para Obama: Notable.
Posibilidad de echar los logros abajo:
Dado que durante la campaña Trump rechazó las cifras de delincuencia, clamó que la ley no se aplica adecuadamente por lo “políticamente correcto” y que los presos estaban siendo tratados “demasiado bien”, se puede asegurar que tomará un camino muy distinto al de Obama en lo que a seguridad pública respecta.
Inmigración
Poco después de la reelección de Obama en 2012, hubo un momento en el que la reforma integral de inmigración parecía inevitable.
El presidente y sus compañeros demócratas estaban a favor, y los republicanos vieron en la concesión de residencia permanente a algunos trabajadores indocumentados y la racionalización del sistema de inmigración de EE.UU. como un medio para ganar popularidad con el creciente bloque de votantes hispanos.
Una rebelión dentro del Partido Republicano descarriló esos planes.
Y ello llevó a Obama a tomar una serie de acciones ejecutivas con las que se proporcionaba un estatus normalizado a los inmigrantes indocumentados que ingresaron a EE.UU. como niños y a familiares inmigrantes de ciudadanos estadounidenses y de residentes permanentes.
Aunque esta última política ha sido suspendida durante una prolongada batalla legal que disputa la constitucionalidad de los esfuerzos.
Además, el gobierno de Obama deportó cerca de 2,5 millones de inmigrantes entre 2009 y 2015 usando órdenes de remoción, según datos del Departamento de Seguridad Nacional.
Por lo que hay quien llama a Obama el “deportador en jefe”.
Calificación para Obama: Notable.
Posibilidad de echar los logros abajo:
El presidente electo se ha comprometido a deportar a más de tres millones de inmigrantes indocumentados que viven actualmente en Estados Unidos ,incluidos los visitantes que han sobrepasado sus visas.
Aunque dada la trayectoria de Obama, puede ser una diferencia de alcance y no substancial.
Sin embargo, en un momento dado, el Trump se comprometió a expulsar a todos los que no viven legalmente en EE.UU.-más de 11 millones según la mayoría de las estimaciones-.
Y eso marcaría una desviación, no sólo ante las políticas de Obama, sino las de todos los presidentes modernos del país.
Poder de partido
A pesar de sus muchos éxitos como presidente, Obama fue destructor para el Partido Demócrata.
En 2009, cuando ascendió al poder, los demócratas eran mayoría en el Congreso de EE.UU. y 29 de los 50 estados tenían un gobernador de ese partido.
Pero desde entonces el poder del partido ha ido constantemente debilitándose.
La Cámara de Representantes ha estado en manos republicanas desde 2010 y el Senado desde 2014. Y hoy controlan solo 16 estados.
La situación es aún más grave en los cuerpos legislativos estatales, que son las bases probatorias para jóvenes políticos con ambiciones nacionales. Los republicanos dominan en 32 de ellas, mientras que los demócratas tienen mayoría en sólo 12 (el resto está dividido).
Si el partido no incursiona en senados como el de Pensilvania, Ohio, Michigan, Florida y Wisconsin para el año 2020, recuperar el control del Congreso será para los demócratas una tarea ardua en la siguiente década.
Calificación para Obama: Reprobado.
Posibilidad de echar los logros abajo:
Exceptuando el importante alineamiento político en la fortaleza liberal de California, las cosas no pueden empeorar mucho para los demócratas a nivel estatal.
En el Congreso, sin embargo, Trump tiene una oportunidad decente de ampliar la mayoría republicana en 2018, dado que los demócratas tienen que defender 10 puestos en los estados que Trump ganó el año pasado en elecciones presidenciales.
Aunque un fracaso económico o un fiasco en la política exterior podría derrumbar la aprobación de Trump y jugar a favor de los ahora desaventajados demócratas.
Cuánto durará el matrimonio político de Trump con los votantes blancos descontentos de la clase media-obrera, con los evangélicos y otros republicanos tradicionales es todavía una pregunta abierta.
Así que, puede que ahora el Partido Republicano sienta que el futuro le pertenece, pero lo que sí es incierto es qué calificación recibirá el legado de Trump cuando éste deje la Casa Blanca.

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